¿Estamos predispuestos naturalmente a la vigilancia?

Diversos aspectos de nuestra vida y comportamientos podrían señalar que la vigilancia es tan natural como comer y que como tal es posible caer en excesos.

Hace algunas semanas conversé con una activista de Reino Unido sobre la implementación de cámaras con reconocimiento facial en dicho país y en América Latina. Nuestras indignaciones coincidían amenamente hasta que ella comentó que la población aceptaba esta tecnología de vigilancia porque confiaban en las instituciones y la democracia que velan por su seguridad. No había que temer. Sorprendida, le dije que aquí es todo lo contrario. La población acepta la tecnología porque en parte ya está acostumbrada a vivir bajo vigilancia, herencia de los años de dictadura.

Entonces, viendo que pueden existir dos justificaciones opuestas para el mismo fin, me pregunté ¿Será que no importa la justificación que utilicemos y hay algo más que nos predispone a aceptar la vigilancia masiva? ¿Será que la vigilancia es natural para nosotros?

Vigilamos en nuestro día a día

Vigilar es observar atentamente algo o alguien según el DRAE [1]. Luego, lo captado se procesa y sirve para distintos objetivos. Esta idea de observar, nos hace recordar a las vecinas chismosas que están atentas a todo lo que sucede. Si bien miramos con malos ojos a esas personas, lo cierto es que el chisme es una de las prácticas más antiguas y naturales que tenemos.

En el pasado chismear, que implica el observar y difundir, nos daba información sobre nuestro grupo; teníamos que conocer cómo se comportaba cada miembro del grupo pues eso podría poner en peligro la integridad del mismo[2]. Para Mark Leary chismear es un “instinto humano fundamental porque nuestras vidas están arraigadas en grupos”[3]. Entonces, tenemos la necesidad de contar con la mayor cantidad de información sobre la gente que nos rodea.

Esto nos lleva a pensar en nuestras actitudes “chismosas” en internet. Dedicamos varias horas al día a revisar redes sociales. Las cuales parecerían estar diseñadas para atraer nuestra atención usando ese instinto que tenemos. Según Cory Doctorow, Facebook tiene dos formas de captar dicha atención: información de amigos e información negativa. Es así como quedamos enganchados en las redes sociales vigilando a nuestros contactos e indignándonos por las noticias. Curiosamente, mientras hacemos eso, la plataforma vigila cada uno de nuestros movimientos, lo cual aceptamos sin chistar. Esto me lleva al siguiente punto.

Photo by Amador Loureiro on Unsplash

Una lista de discursos/justificaciones

Las plataformas recolectan datos que nosotros les brindamos, o que observan o infieren de nuestra actividad. Sucede todo el tiempo y al parecer no nos perturba. Lo interesante es que por un lado dejamos que recolectan y procesan información personal (cual vecinas chismosas), y por otro lado, muchos consideramos que la privacidad importa. Esta contradicción ha sido evaluada por la academia y se la llama “la paradoja de la privacidad”

Se ha estudiado vastamente por qué presentamos esta contradicción. Algunas teorías sugieren que realizamos una evaluación de coste y beneficio, otras niegan por completo ello. Asimismo, entre los que sostienen que realizamos una evaluación hay quienes afirman que es una evaluación racional mientras otros señalan que son decisiones movidas por el entorno [4]. Frente a este ramo de teorías, Daniel J. Solove cuestiona que exista una paradoja en sí. Veamos.

Para Solove una cosa son los valores que tenemos y otra cosa son las decisiones que tomamos [5]. Si bien uno puede estar influido por sus valores al tomar decisiones; coincidimos con él en que, por más que una sea fan de la privacidad, en ciertos contextos es racional que optemos por una decisión poco diligente permitiendo la vigilancia. Entonces, importa el contexto donde tomamos las decisiones; es un factor decisivo. Una cosa es brindarle datos personales al dentista de toda la vida y otra es darle esa misma información a un data broker.

Enfocarnos en el contexto es relevante porque nos permite justificar nuestras decisiones. Entonces es válido preguntarnos ¿Cuáles son esos contextos y justificaciones que usamos para validar la limitación de nuestra privacidad?

Recapitulando lo mencionado, el instinto natural del chisme podría darnos una justificación del porqué aceptamos la vigilancia dentro de nuestro círculo y en las redes sociales. Recordemos que en el pasado conocer qué pasa en nuestro entorno más cercano era necesario para preservar nuestra vida en grupo y mantenernos a salvo. Es curioso que hoy en día esa idea de mantenerse a salvo sea la justificación a una vigilancia en las calles.

Solo para entender esta curiosidad, es necesario ver cómo la sociedad ha evolucionado en todo este tiempo. Harari narra que por muchos años las comunidades de familias y clanes tuvieron mucho poder sobre el individuo; la comunidad decidía las normas de convivencia, las tradiciones, los castigos, entre otros. Con el tiempo, dicho poder pasó al Estado y a las grandes corporaciones [6]. Y es así como nuestra preocupación por mantenernos a salvo ahora se entiende a nivel más amplio.

La justificación de mantenernos a salvo a nivel más amplio es nutrida día a día por la prensa utilizando un sinfín de discursos: seguridad ciudadana, crímenes, terrorismo, guerrilla, entre otros.

Tenemos que reconocer que el instinto de “mantenernos a salvo” se vincula directamente con nuestra mera existencia. Y no importa qué discurso se utilice porque cualquiera siempre será prioridad.

Un ejemplo claro del uso de estos discursos es lo que señalan Almeida Evangelista, Soares, Costa Schmidt y Lavignatti citando a otros autores: “Las preocupaciones por la seguridad son la razón principal del uso generalizado de cámaras de vigilancia en las ciudades, en las áreas más pobres, para frenar la delincuencia urbana (…); en áreas más ricas, para combatir amenazas de terrorismo“ [7]. Otro ejemplo son las justificaciones de los gobiernos y las empresas cuando implementan sistemas de vigilancia para “combatir la propagación del virus”, un tema que cala directamente con mantenernos a salvo y vivos.

Un discurso muy reciente es el que utilizaron los gobiernos de Reino Unido, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, India y Japón en una declaración justificando la vulneración al cifrado porque presenta desafíos en la lucha contra el abuso sexual de niños” [8]. Romper el cifrado o tener mecanismo alternativos brindaría la posibilidad de prevenir o investigar a los culpables. Entonces, se necesita limitar la privacidad y habilitar la vigilancia, para “mantener a salvo” a la niñez.

En el futuro seguiremos viendo más discursos siempre fundados en el “estar a salvo”. De esta manera, ya podemos entender cómo pueden coexistir las dos justificaciones para la implementación de cámaras con reconocimiento facial que mencioné al inicio. En ambas justificaciones lo que siempre está presente es mantenerse a salvo de una u otra manera. Entonces, si esa justificación siempre va a existir como base, ¿deberíamos preocuparnos?

Aprendizaje y nuevo enfoque

Recapitulando lo visto hasta ahora tenemos que existe un instinto natural a saber de nuestra comunidad y por lo tanto mantenernos a salvo dentro de la misma. Ello se funda en nuestra existencia como seres. Ese instinto se aplica bidireccionalmente; es decir, queremos información y también la damos. También, este instinto hoy en día es más amplio y hasta global; y es usado en diferentes discursos para justificar limitaciones a la privacidad.

Entonces, la vigilancia basada en ese instinto es natural. Tan natural como comer, pues si no comemos también atentamos contra nuestra existencia. No obstante, como en el caso de comer debemos limitarnos y no caer en desórdenes ni excesos Si no nos limitamos ponemos en riesgo esa existencia que tanto queremos proteger.

Toda esta reflexión, nos lleva a aprender lo siguiente. En el futuro veremos muchos planes para limitar la privacidad e incrementar la vigilancia. Estos planes vendrán con distintos discursos. No gastemos esfuerzos en atacar los discursos, sino a ver si ellos se basan en el instinto natural que tenemos de saber de nuestra comunidad para “mantenernos a salvo”. Si es así, no importará campaña alguna en contra del plan, pues siempre como seres humanos prevalecerá nuestro instinto. Sin embargo, la campaña no está perdida; esta debe estar enfocada en evitar a toda costa los excesos que puedan poner en riesgo nuestra existencia; hagámosle caso a nuestros instintos.

Bibliografía

  1. Diccionario de la Real Academia Española. Vigilancia https://dle.rae.es/vigilar?m=form
  2. Harari, Yuval Noah. (2013) Sapiens de animales a dioses. Penguin Random House Grupo Editorial. p. 36
  3.  https://www.health.com/mind-body/why-do-people-gossip 
  4. Barth, Susane y Menno D.T. de Jong. (2017) The privacy paradox – Investigating discrepancies between expressed privacy concerns and actual online behavior – A systematic literature review. Telematics and Informatics 34 (2017). https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0736585317302022 
  5. Solove, Daniel J. (2020) The Myth of the Privacy Paradox. (February 11, 2020). George Washington Law Review, Vol. 89, 2021, GWU Legal Studies Research Paper No. 2020-10, GWU Law School Public Law Research Paper No. 2020-10, https://ssrn.com/abstract=3536265  
  6. Harari, Yuval Noah. (2013) Sapiens de animales a dioses. Penguin Random House Grupo Editorial. p. 396 
  7. Almeida Evangelista, Rafael de, Tiago C. Soares, Sarah Costa Schmidt y Felipe Lavigpnatti. (2017) DIO: A Surveillance Camera Mapping Game for Mobile Devices. Tecnoscienza 8(2). p130 http://www.tecnoscienza.net/index.php/tsj/article/view/321 
  8. International statement: End-to-end encryption and public safety (2020) https://www.gov.uk/government/publications/international-statement-end-to-end-encryption-and-public-safety

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